El próximo 5 de julio se llevarán a cabo elecciones federales para renovar la Cámara de Diputados.
Se elegirán 500 diputados federales, 300 por el principio de mayoría relativa y 200 por representación proporcional.
También se realizarán comicios en seis entidades del país donde se elegirá gobernador: Colima, Campeche, Nuevo León, San Luis Potosí, Sonora y Querétaro.
En Colima habrá elecciones en 10 Ayuntamientos y se elegirá a 25 diputados al Congreso local.
En Campeche se renovarán 11 Ayuntamientos y 35 escaños del Congreso local.
En Nuevo León, 51 Presidencias Municipales estarán en disputa y se elegirán a 42 diputados del Congreso local.
En Querétaro se renovarán los 18 Ayuntamientos y 25 diputados locales.
En San Luis Potosí se realizarán elecciones en 58 Ayuntamientos y cambio de 27 diputados al Congreso local.
En Sonora 72 Ayuntamientos y se elegirá a 33 diputados al Congreso local.
También habrá elecciones en otras entidades del país.
En el DF se elegirán 40 diputados de mayoría relativa a la Asamblea Legislativa y 16 jefaturas delegacionales.
En el Estado de México se renovarán 125 Ayuntamientos y 75 diputados al Congreso Local.
En Morelos se renovarán 33 Ayuntamientos y se elegirán 42 diputados.
En Jalisco se elegirán 125 Ayuntamientos y renovación de 40 diputados.
Y en Guanajuato estará en disputa electoral 46 Ayuntamientos y renovarán 36 diputados locales.
En octubre se realizará elecciones locales en Coahuila y Tabasco; En Coahuila renovarán 38 Ayuntamientos, mientras que en Tabasco habrá elecciones en 17 Presidencias Municipales y se elegirán 35 diputados al Congreso Local.
A sólo nueve años de que el régimen político mexicano transitara hacia la alternancia política, el fantasma del abstencionismo o la anulación del voto recorren el pensamiento de muchos mexicanos.
México no es ajeno a la profunda decepción que los ciudadanos latinoamericanos tienen hacia el sistema de partidos que rigen sus jóvenes democracias.
Éste desencanto se ha profundizado a raíz del proceso electoral- elecciones intermedias- que tendrá lugar el próximo 5 de julio en el que se elegirá la totalidad de la cámara de diputados, la asamblea legislativa y 16 delegaciones del Distrito Federal y seis elecciones estatales (gobernadores, municipios y asambleas locales).
Ese primer domingo de julio miles de mexicanos iremos a las urnas a ejercer nuestro derecho, por lo menos así será teóricamente pues desde hace varias semanas tiene lugar un intenso debate, que comenzó en el ciberespacio y que se ha colado a los medios tradicionales, prensa escrita, radio y televisión, sobre la pertinencia de ejercer el voto, anularlo o abstenerse de ir a las casillas.
El rechazo al sistema electoral, tanto de los partidos políticos como de las autoridades electorales, es como un virus en la web y ha tenido eco especialmente entre los jóvenes.
Existen dos propuestas de mecanismos para mostrar el rechazo de los ciudadanos al status quo, el primero es el rechazo a ejercer el derecho del voto mediante la abstención, el segundo es la participación en la votación pero la anulación del voto.
Las visiones más institucionalistas argumentan en contra de estas dos propuestas. Sobre la abstención afirman que es un ejercicio confuso ya que si bien un alto nivel de abstencionismo en las elecciones perjudicaría la legitimidad de los gobernantes electos, no es posible distinguir entre la decisión de no participar hecha a partir de una visión crítica del sistema electoral de la simple desidia o flojera de asistir a la urnas.
Aunado a esto, afirman que puede llegar a ser peligroso ya que se deja la vía libre a aquellos grupos políticos que tienen capacidad de movilización y por lo tanto a tener un peso significativo o una sobrerrepresentación en la elección de los gobernantes.
En cuanto a la idea de anular el voto, los analistas argumentan que esta idea no esta exenta de problemas ya que si bien los votos anulados se contabilizan no se sabe a ciencia cierta si se anularon por un error al llenar la boleta o bien por que hubo una intención deliberada de rechazar el menú de opciones políticas.
Las visiones institucionalistas concluyen que ambas opciones son malas ya que dejan el espacio libre a que sólo una minoría organizada acabe decidiendo quienes serán nuestros gobernantes
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